Reseña Histórica

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Su historia se remonta a la época de la colonia en la que se construyeron casas y viviendas de estilo rustico-español que configuraron los primeros asentamientos en el centro de la ciudad en Santa Bárbara, Las Cruces, Las Aguas, La Veracruz, La Capuchina, Las Nieves, Santa Inés, San Bernardo. Se destaca el surgimiento del primer barrio obrero, La Perseverancia.

Debe su nombre a Santa Fe, ciudad de Granada, en España, patria chica de don Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de la capital del Nuevo Reino de Granada, en una región que le recordaba su lugar de procedencia y a la que al llegar denomina “valle de los Alcázares”. El 6 de agosto del año de 1538, Gonzalo Jiménez de Quesada tomó posesión del territorio al nombre del rey de España, escogiendo para el efecto a Teusaquillo, lugar del recreo del zipa, sitio protegido por los cerros de Monserrate y Guadalupe al oriente y con perspectiva clara sobre la sabana de tapiz esmeralda que se extiende al occidente y la riqueza de su suelo, amén de la privilegiada posición estratégica que le permitía protegerse de los acechos continuos de los indígenas.

Gonzalo Jiménez de Quesada había salido de Santa Marta el 6 de abril de 1563 con una expedición compuesta por 700 hombres, que iban por tierra con 80 caballos, y por 200 soldados que avanzaban por la vía fluvial según determinación emanada del gobernador Pedro Fernández de Lugo. La razón: el hambre y el asinamiento que sufría la tropa sitiada por los indios tayronas y bondas. Su destino inicial era el Perú, del cual provenían noticias fabulosas sobre ricos tesoros y tierras fértiles.

Las dos expediciones confluyeron en un poblado indígena sobre el rio Magdalena cerca de la actual ciudad de Barrancabermeja, con un ejercito muy reducido, de 160 hombres y 60 caballos, dismado por el hambre, los mosquitos, las fieras, el calor, la humedad y especialmente por los continuos ataques de los nativos.

En ese lugar, Jiménez de Quesada tuvo conocimiento de un altiplano en la Cordillera Oriental habitado por los muiscas, en donde abundaban las esmeraldas, la sal, las mantas, las ricas tierras de labranza, las espectaculares ceremonias a sus dioses, así como las ofrendas en oro, en los territorios dominados por el zipa de Bacatá y el zaque de Hunza. Cada capitán, al pasar por la isla La Española, recibía un modelo o croquis para la fundación de poblados, denominado “cuadricula”, el cual era entregado por don Nicolás de Obando, con instrucciones sobre las características de las ciudades, las cuales debían crecer alrededor de la plaza mayor, en donde confluían la iglesia, la casa de gobierno, el cabildo y las residencias de los notables.

La expansión se producía por el sistema de calles igualmente distanciadas y cruzadas en ángulo recto para formar así manzanas cuadradas, llamadas cuadras; lamentablemente, no se conoce el plano original de esta ciudad; quizás por que don Gonzalo nunca se detuvo en La Española; razón de más para entender el planeamiento desordenado, un tanto al margen de la “cuadricula” de Obando. Lo que sí tuvo el fundador fue claridad para hacer una ciudad “mesopotámica” es decir, en medio de dos ríos: el San Francisco y el San Agustín.

La organización de los tybines o residencias indígenas influyo mucho en la distribución de encomenderos que rodeaba la ciudad, la cual, según norma, establecía como requisito que la colectividad debía tener buena provisión de agua, tierra de labranza, bosques y aire. La importancia de sus habitantes estaba directamente relacionada con su proximidad a la plaza mayor. Las primeras modificaciones urbanísticas se produjeron en 1541 con la aplicación de las técnicas europeas de construcción traídas por Gregorio López; la primera casa de tapia pisada perteneció a Antonio de Olaya. Un tercer avance se produjo con el techo de teja implantado por Pedro Colmenares.

Los barrios que hoy día hacen parte de la localidad se fueron formando en los años posteriores a este primer crecimiento urbanístico, y fueron asiendo, años después, de bohemios, poetas, hippies y pintores. El barrio Las Nieves constituía el entorno urbano de la mayoría de los artesanos de Bogotá en la segunda mitad del siglo XIX. Las condiciones de ida eran precarias, debido a que las viviendas eran en su mayoría tiendas que carecían en general de servicios públicos y calles adecuadas.